El Mercado Municipal de la Ciudad de Hermosillo
"José María Pino Suárez" el más antiguo y su edificio evoca el pasado
reciente de la ciudad, tiene puertas en las esquinas y cuatro laterales en
donde se arma el movimiento de personas que van a comer las delicias
tradicionales que se ofrecen una gallina pinta, tacos de lengua, carne con
chile, café recién colado, tortillas de harina, queso, frutas, verduras y entre
lo mejor esa calidez de encontrarse con gente que al estar degustando se
encuentra codo a codo y puede que se de la charla y hasta salgan conocidos o
familiares. La descripción de este lugar me lleva a observarlo pero no como
siempre sino con una mirada un poco más especial; pues es uno de los lugares
que más frecuento porque está a la pasada de donde vivo y mis asuntos de
negocios que me llevan muy seguido a este punto, lo que puedo observar si soy
un poco más aplicada en su movimiento encuentro convivencia de personas que se reúnen
ahí por diversos motivos algunos solo por su costumbre de ser un lugar de
encuentro de ya muy lejanas citas, negocios, compras o simplemente aprisionar
el tiempo en una bocanada de humo de cigarro y un sorbo de café.
Siempre
he visto sin duda alguna personas de la tercera edad podíamos inferir ya
jubilados ataviados en su mayoría con el sombrero, pantalones de mezclilla, lentes,
cinto de cuero y camisa vaquera. En cuanto a su apariencia física pues como ya
dijimos adultos mayores, de estatura más bien alta, de complexión delgada o
mediana; pues su estancia es más apacible en su mirada denota la tranquilidad
de observar el ir y venir del tránsito vehicular, de transeúntes, vendedores,
siendo ellos el público o testigos fieles de lo que acontece y están ahí con la
promesa tal vez que este día se pueda conversar y conocer a alguien más, los consejos salen al
por mayor, también los chistes y las risas que brotan de repente, eso es la
charla en ese centro una de las característica que hace más apreciable y
fraternal lugar.
También
son público de lo que se arma a un paso
de la entrada del Mercado como podemos
apreciar “los hermanos” como le llama la gente se las agencia para disponer del
espacio suficiente para armar su escenario disponiendo de un aparato de sonido
y amplificador, bocinas, micrófonos y algunas biblias en mano entre cantos y alabanzas, haciendo una
catarsis tratando de seducir al que pasa y ofrecer la salvación de sus almas a cambio
de participar con ellos pues es su misión, escuchar sus testimoniales de una vida sin freno,
andanzas, faenas pero al fin y al cabo redimida en la palabra del señor.
Este verano llena de vendedores la mayoría mujeres
exhibían el fruto del desierto o sea “las pitahayas" aunque diversificaron
este año añadiendo higos, entre otras cosas.
Además del público el general de hombres o mujeres que esperan aciagamente a
la pareja citada, ya se levantan se vuelven al lugar que son los maceteros, se
asoman hasta la esquina y por fin se avisora el ser tan esperado y su gesto un
segundo antes con ansiedad se vuelve feliz pues la pareja se aproxima se
abrazan y se retiran del lugar. Las parejas son desde adolescentes estudiantes
hasta de edad madura.
Algunas personas muy bien arregladitos con
solicitud en mano para recorrer el centro en búsqueda de trabajo llenan
solicitud, algún que otro señor con bolsas de mandado y al cuidado de pequeños
esperando a la mujer que entro a comprar a las tiendas aledañas.
Al entrar luego te encuentras con un sinnúmero
de voces que van desde graves hasta agudas frases de “pásele” y te rezan el menú en un segundo, solo que a mí
no me hace mella pues yo ya tengo mi
lugar preferido y probablemente me toque hasta algún cantador que nos muestre
su repertorio y nos acompañe en la comida.
Hay
un lugar dentro del mercado que se me figura como el ombligo del mercado es una
pequeña fuente o toma de agua, tal vez ya la hayan visto; que me hace un
momento trasladarme a ese pasado que se cuela por los pasillos y murmura entre
cientos de voces de las personas que están conviviendo como haciendo una sola
voz: que felicidad y regocijo comer tan
acompañado, pero el ejército de personas que trabajan para dar servicio
también tienen sus historias y de repente se arma alguna la otra vez escuché “¿oye y tu
hijo todavía está estudiando para chef? (un cliente y el dueño), ¡no! Mi hijo
ya anda en Nuevo León trabajando como chef…. Y en voz baja las empleadas ¡huy! hasta que trabajo el muy gue…. nomás de puro junior se la llevaba y soltaban
la carcajada.
Pues este es un pequeño momento arrancado
de lo miles de momentos que se pasa en este neurálgico lugar hermosillense, que
esperamos que continúe porque la verdad estar ahí es convertirse de nuevo en esa
persona tradicional y la fraternidad que se respira, los aromas que se mezclan
de comidas, verduras, especias y de hierbas medicinales; que te curan un
momento de esa soledad y apuros del centro de la Ciudad.
FRANCISCA ELISA PAREDES ESCALANTE
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