Documental “del olvido al no me acuerdo”.
Ante una silla vacía en un llano y
en una tierra árida , desquebrajada por la sequía y los surcos marcados donde el aire levanta, lleva y trae a manera de una
tormenta de polvo; ese polvo donde se remolinan y contiene los recuerdos que
parecieran coquetearnos y competir entre ellos para de repente manifestarse, nos trae noticias de
ese yo, de ese tú, de nosotros, de ustedes, de ellos en el pasado y se revuelven
con el presente, tejiéndose una
historia sin fin, que queda aferrada tal vez en los muros, en las paredes, en
la mismísima tierra y revolotean en la mente como un ¡rescátame¡ hazme presente
un momento. Recuerdos que llegan en forma de murmullos, unos completos tal vez
y podemos reproducirlos, otros no tanto más bien fugaces pero que al
fin y al cabo si llegan a la mente de personas elegidas como en este caso ya viejitos urgen por salir a través de sus bocas, porque en ese
pasado quedaron sus glorias, sus andanzas, sus amoríos, sus miedos, su
aprendizaje. El autor nos manifiesta su deseo de hacer una
nueva remembranza de los trabajos de su padre el no menos conocido y afamado
Juan Rulfo.
El autor llega a ese lugar en búsqueda de esos recuerdos que broten de la
memoria a través de esos seres ya
arraigados en esas tierras y lo consigue pues arranca de sus protagonistas las
faenas pasadas y antes de que se
conviertan en polvo y se los lleve el aire; rescata todo esa carga de
experiencia que con el tiempo se convirtieron en aprendizaje, para unos todavía
muy cercanos y para otros lejanos, ellos los protagonistas se dan la libertad
de escoger; como si fueran historiadores periodizan sus
acciones pasadas eligen y le ponen un
valor agregado a la temporalidad que quieren contar.
Con un “quisiera andar en la chinga” un personaje
nos muestra que fue ya poseído por esos recuerdos de buenos tiempos, ataviado
con sus ropas tradicionales, su
sombrero, sus bigotones y su dentadura que se ha ido quedando también en el
tiempo, con un bastón que le sirve para sostenerse, para escribir o jugar con la
tierra o tal vez como arma pues pareciera una espada con la cual da batalla y
no va a ser tan fácil acabarlo es un sobreviviente para prueba sus dichos y ni el mismísimo diablo
pueda con él con su bastón tal pareciera el árcangel san Gabriel
dando con todo al mal.
En esa silla del inició ante una
imagen apacible una mujer que espera sentada el atardecer y el llegar de esos
recuerdos que no tiempo ni espacio, pues van llegando de repente puede ser en
la niñez y sientes en tu pecho la emoción de estar con tus seres próximos, o en
la adultez y otra vez puedes regresar es un gran escenario de ir y venir en el
tiempo. Así como un día Juan Rulfo sento en una silla a su personaje principal Pedro Páramo de la media luna y dejo que el tiempo pasara y el polvo y el aire se lo llevará como si fuera una estatua de tierra.