jueves, 20 de septiembre de 2012


Documental “del olvido al no me acuerdo”.

Ante una silla vacía en un llano  y en una tierra árida , desquebrajada por la sequía y los surcos marcados donde  el aire levanta, lleva y trae a manera de una tormenta de polvo; ese polvo donde se remolinan y contiene los recuerdos que parecieran coquetearnos y competir entre ellos para  de repente manifestarse, nos trae noticias de ese yo, de ese tú, de nosotros, de ustedes, de ellos en el pasado y se revuelven con el presente,  tejiéndose   una historia sin fin, que queda aferrada tal vez en los muros, en las paredes, en la mismísima tierra y revolotean en la mente como un ¡rescátame¡ hazme presente un momento. Recuerdos que llegan en forma de murmullos, unos completos tal vez y podemos reproducirlos,   otros no tanto más bien fugaces pero que al fin y al cabo si llegan a la mente de personas elegidas  como en este caso ya viejitos urgen por  salir a través de sus bocas, porque en ese pasado quedaron sus glorias, sus andanzas, sus amoríos, sus miedos, su aprendizaje.   El autor nos manifiesta su deseo de hacer una nueva remembranza de los trabajos de su padre el no menos conocido y afamado Juan Rulfo.

     El autor llega a ese lugar  en búsqueda de esos recuerdos que broten de la memoria  a través de esos seres ya arraigados en esas tierras y lo consigue pues arranca de sus protagonistas las faenas pasadas  y antes de que se conviertan en polvo y se los lleve el aire; rescata todo esa carga de experiencia que con el tiempo se convirtieron en aprendizaje, para unos todavía muy cercanos y para otros lejanos, ellos los protagonistas se dan la libertad de  escoger;  como si fueran historiadores periodizan sus acciones pasadas  eligen y le ponen un valor agregado a la temporalidad que quieren contar.

     Con un  “quisiera andar en la chinga” un personaje nos muestra que fue ya poseído por esos recuerdos de buenos tiempos, ataviado con sus ropas  tradicionales, su sombrero, sus bigotones y su dentadura que se ha ido quedando también en el tiempo, con un bastón que le sirve para sostenerse, para escribir o jugar  con  la tierra o  tal vez como arma pues  pareciera una espada con la cual da batalla y no va a ser tan fácil acabarlo  es un sobreviviente  para prueba sus dichos y ni el mismísimo diablo pueda con él    con su bastón tal pareciera el árcangel san Gabriel dando con  todo al mal.

     En esa silla del inició ante una imagen apacible una mujer que espera sentada el atardecer y el llegar de esos recuerdos que no tiempo ni espacio, pues van llegando de repente puede ser en la niñez y sientes en tu pecho la emoción de estar con tus seres próximos, o en la adultez y otra vez puedes regresar es un gran escenario de ir y venir en el tiempo. Así como un día Juan Rulfo sento en una silla a su personaje principal Pedro Páramo de la media luna y dejo que el tiempo pasara y el polvo y el aire se lo llevará como si fuera una estatua de tierra. 

    

jueves, 13 de septiembre de 2012


DOCUMENTAL  “LA CANCION DEL PULQUE”.

     En el análisis del este documental se ve claramente que el director nos presenta esta obra destacando en primer lugar la actualidad;  lo que se genera dentro de una pulquería urbana, el ambiente, que tipo de gente se acerca a esos lugares, migraciones del campo a la ciudad,  sus historias cotidianas, el estrato social para luego remitirnos  a sus raíces místicas del maguey que por tradición es la planta sagrada que emana ese elíxir que de determinada manera es como la leche que maman  para formar esa identidad,  en la cual se sienten identificados desde el  rezo o canto del alabado, por seres cuyos rostros (que nos muestra el director) parecen ser como raíces de la misma tierra, teniendo hasta los surcos secos  marcados los cuales son bañados con el mismísimo pulque que les corre en cada trago y se destila entre el sobrante por la comisura de los labios para regarlos.

     Ese canto místico de la tradición bendiciendo al maguey que otorga su producto y que se libera ya dentro del espacio de la pulquería  para convertirse en una canción de género ranchero en su mayoría   que festeja el ritmo como cardíaco, como pulsaciones de cada empinada de codo  con que empujan su bebida, y ese canto ya liberado va a ser la forma de expresar sus deseos , sus sentimientos, sus desesperanzas, y este se puede dar con ritmo y aumentar la felicidad o el lamento y llanto del recuerdo que se atora en sus pecho ya sea  por el amor perdido, la traición, la añoranza, etc. o por el amor mismo a la vida.

    El director nos muestra también que no solo el género masculino tiene el derecho de embriagarse porqué para llegar a ser protagonista del pulque hay que estar briagos, sino también el género femenino le entra a la embriaguez  y  le llora a la vida o a su desencanto.

    En ese ir y venir que nos muestra el autor del documental entra del desasosiego de  lo urbano al campo de donde viene esta tradición mostrando los paisajes donde se siembra, tierra, sol, lluvia, gente más apaciguada, con una tranquilidad de guardianes de la ancestral industria que es merecedora de todo el respeto de un ritual, una ceremonia en cada fermentada, de ese canto y con su permiso de extraer  ese producto; la cual esos guardianes expresan su tristeza como esta y otras muchas tradiciones pueden llegar a desaparecer.

ASPECTOS PRICIPALES: TRADICION, IDENTIDAD, PULQUE, MAGUEY, TIERRA, RITUAL, CANTO MISTICO, CANCIONES.

    Este trabajo me enseña que no venimos de la nada que tenemos nuestras propias tradiciones a lo largo y ancho de nuestro territorio, que están presentes pero se maquillan en la superficialidad de la vida cotidiana y sin embargo somos el reflejo de eso que está quedando en las sombras, pero que esta tan cerca y rescatable en el momento que sea pues hasta se nos ofrece  en una jarra de pulque que al empinarla se bebe  esa misma historia.

 

Mercado Municipal de Hermosillo


      El Mercado Municipal de la Ciudad de Hermosillo "José María Pino Suárez" el más antiguo y su edificio evoca el pasado reciente de la ciudad, tiene puertas en las esquinas y cuatro laterales en donde se arma el movimiento de personas que van a comer las delicias tradicionales que se ofrecen una gallina pinta, tacos de lengua, carne con chile, café recién colado, tortillas de harina, queso, frutas, verduras y entre lo mejor esa calidez de encontrarse con gente que al estar degustando se encuentra codo a codo y puede que se de la charla y hasta salgan conocidos o familiares. La descripción de este lugar me lleva a observarlo pero no como siempre sino con una mirada un poco más especial; pues es uno de los lugares que más frecuento porque está a la pasada de donde vivo y mis asuntos de negocios que me llevan muy seguido a este punto, lo que puedo observar si soy un poco más aplicada en su movimiento  encuentro convivencia de personas que se reúnen ahí por diversos motivos algunos solo por su costumbre de ser un lugar de encuentro de ya muy lejanas citas, negocios, compras o simplemente aprisionar el tiempo en una bocanada de humo de cigarro y un sorbo de café.

      Siempre he visto sin duda alguna personas de la tercera edad podíamos inferir ya jubilados ataviados en su mayoría con el sombrero, pantalones de mezclilla, lentes, cinto de cuero y camisa vaquera. En cuanto a su apariencia física pues como ya dijimos adultos mayores, de estatura más bien alta, de complexión delgada o mediana; pues su estancia es más apacible en su mirada denota la tranquilidad de observar el ir y venir del tránsito vehicular, de transeúntes, vendedores, siendo ellos el público o testigos fieles de lo que acontece y están ahí con la promesa tal vez que este día se pueda conversar  y conocer a alguien más, los consejos salen al por mayor, también los chistes y las risas que brotan de repente, eso es la charla en ese centro una de las característica que hace más apreciable y fraternal lugar.

También son público  de lo que se arma a un paso de la entrada del  Mercado como podemos apreciar “los hermanos” como le llama la gente se las agencia para disponer del espacio suficiente para armar su escenario disponiendo de un aparato de sonido y amplificador, bocinas, micrófonos y algunas biblias en mano  entre cantos y alabanzas, haciendo una catarsis tratando de seducir al que pasa y ofrecer la salvación de sus almas a cambio de participar con ellos pues es su misión, escuchar sus testimoniales de una vida sin freno, andanzas, faenas pero al fin y al cabo redimida en la palabra del señor.

        Este  verano llena de vendedores la mayoría mujeres exhibían el fruto del desierto o sea “las pitahayas" aunque diversificaron este año añadiendo higos, entre otras cosas.  

           Además del público el general  de hombres o mujeres que esperan aciagamente a la pareja citada, ya se levantan se vuelven al lugar que son los maceteros, se asoman hasta la esquina y por fin se avisora el ser tan esperado y su gesto un segundo antes con ansiedad se vuelve feliz pues la pareja se aproxima se abrazan y se retiran del lugar. Las parejas son desde adolescentes estudiantes hasta de edad madura.

     Algunas personas muy bien arregladitos con solicitud en mano para recorrer el centro en búsqueda de trabajo llenan solicitud, algún que otro señor con bolsas de mandado y al cuidado de pequeños esperando a la mujer que entro a comprar a las tiendas aledañas.

     Al entrar luego te encuentras con un sinnúmero de voces que van desde graves hasta agudas frases de “pásele”  y te rezan el menú en un segundo, solo que a mí no me hace mella pues yo ya tengo  mi lugar preferido y probablemente me toque hasta algún cantador que nos muestre su repertorio y nos acompañe en la comida.

     Hay un lugar dentro del mercado que se me figura como el ombligo del mercado  es una pequeña fuente o toma de agua, tal vez ya la hayan visto; que me hace un momento trasladarme a ese pasado que se cuela por los pasillos y murmura entre cientos de voces de las personas que están conviviendo como haciendo una sola voz: que felicidad y regocijo comer tan  acompañado, pero el ejército de personas que trabajan para dar servicio también tienen sus historias y de repente se arma alguna la otra vez escuché “¿oye y tu hijo todavía está estudiando para chef? (un cliente y el dueño), ¡no! Mi hijo ya anda en Nuevo León trabajando como chef…. Y en voz baja las empleadas ¡huy!  hasta que trabajo el muy gue….  nomás de puro junior se la llevaba y soltaban la carcajada.

     Pues este es un pequeño momento arrancado de lo miles de momentos que se pasa en este neurálgico lugar hermosillense, que esperamos que continúe porque la verdad estar ahí es convertirse de nuevo en esa persona tradicional y la fraternidad que se respira, los aromas que se mezclan de comidas, verduras, especias y de hierbas medicinales; que te curan un momento de esa soledad y apuros del centro de la Ciudad.

   FRANCISCA ELISA PAREDES ESCALANTE